La vida se trata de etapas,
cada una de ella se supone que te ayuda a madurar, a dejar cosas atrás, a
liberarte de muchas que pueden ser buenas o inclusive dañinas.
Mi nombre es Miguel Márquez, tengo
30 años y escribo desde los 7 años, cosas como una “poesía” a una niña que me
gustaba en mi primer colegio, una pequeña historia a los 11 años que quizás en
el fondo esperaba que mi padre la leyera en el programa de radio que tenía, mi
propia historia escrita en un cuaderno a los 14 años y que por cierto aún lo
conservo, historias de desamor que viví desde que salí del colegio pasando los
17 años, historias de algunos amigos e inclusive, cartas a mi madre.
He escrito de todo un poco. Si
mi memoria no me falla, este blog surgió debido a un trabajo que me dejaron en
un centro de estudios, y me sirvió hasta la fecha como carta libre para seguir
escribiendo. También he creado tres o cuatro blogs, no recuerdo del todo. Este
por ejemplo cuenta con 85 entradas que han sido leídas y muchísimas veces
ignoradas. ¿Y por qué sigo escribiendo públicamente?
Como todo músico que cree lo
que hace, que le gusta lo que hace, simplemente, lo sigo haciendo porque me
gusta, pese a las burlas de algunas personas. No me considero un buen escritor,
es más, odio leer. Sigo escribiendo porque, al igual que caminar, es mi manera
de poder relajarme, dejar volar mi imaginación, botar todo lo que tengo.
Considero que no tengo mejores
amigos, sino solo buenos amigos; no conozco la amistad de hermanos, no creo
haberla tenido en algún momento. Creo que no soy imprescindible en mi círculo
de amigos, pues sé que se divierten mejor sin uno más. Si en algún momento me
preguntan sobre con cuántos amigos puedo contar, mencionaría uno o dos, y sin lograr
una buena conexión.
Trabajo en el mismo lugar
desde hace 6 años, por el simple hecho de que tengo miedo a cambiar, a dejar la
comodidad, las “facilidades” que tengo, y me acostumbro a seguir ganando lo
mismo que no siempre se ajusta a la realidad. Debido a ello me he visto
limitado por algunas personas para considerarme en actividades, o también
porque no estoy a su altura considerando el círculo social al cual ahora
pertenecen, y no, no me molesta, me incomoda, pero lo llevo dentro.
No me visto bien, no ando a la
“moda”; sigo usando los mismos dos pares de zapatillas y mi ropa no suelo
renovarla. No aparento de mi edad ni mucho menos reflejo seriedad, y también he
sido limitado por ello. Lo increíble es que las personas creen que no me doy
cuenta.
Mi familia y yo no tenemos una
muy buena relación, no encajo en aquellas conversaciones de familia feliz, pero
aun así los quiero. Me siento endeudado de por vida con mi padre debido a unos
errores del pasado.
Sigo siendo antisocial, que
aunque me vean conversando con otra persona, no puedo mantener el clima ideal
por mucho tiempo y aflora su aburrimiento. Podemos sumarle que no soy una
persona intelectual, a mi edad considero que una persona debe de tener
conocimiento y dominar un tema, yo creo que lo tengo pero no sucede así. A
veces en mi pequeño círculo involucro a algunas personas en actividades pese a
no recibir siempre lo mismo de ellas.
Dibujo una sonrisa para todos, pues admito que la mierda se lleva dentro y queda solo en la vida de uno.
Siempre tuve la idea de que sé
manejarme solo, pero no siempre sucede así, pues termino dependiendo de alguien
tarde o temprano.
Hay ene cantidad de cosas que
podría seguir mencionando pero esto solo me sirve como un pequeño desahogo,
como unas últimas líneas aquí. No, no siento miedo ni vergüenza escribirlo o
publicarlo, ni que debido a ello me miren o actúen diferente conmigo, creo que
sin temor he expresado muchas cosas aquí y esta es una de ellas.
Todo cambia en algún momento y
eso lo puedo ver desde la primera entrada que publiqué hasta esta, la última.
Aquí “cierro” esta etapa que me permitió sentir y vivir, para luego aventurarme
a algo más concreto que he venido puliendo desde meses atrás.
Al final cada pequeña línea
vivida nos marca, y aunque uno quiera, no la podemos borrar, porque somos como
aquella madera que usan en las bancas de los parques, donde algunas personas o
parejas se atreven a escribir desesperadamente una frase tratando de
inmortalizar el tiempo, un sentimiento, y ocurre, que por más barniz o pintura
que echen, esas líneas no se borrarán fácilmente.
Lo mismo ocurre con nosotros,
cada experiencia nos ha marcado y nos ha enseñado a ser más fuertes, más mierdas,
y por más caretas que tengamos, estas experiencias siguen ahí demostrándonos
que siempre seremos de madera.
Pocas veces leído, muchas
veces ignorado.
Gracias,
Soundtrack:
Diazepunk - Bajo En Serotonina
Miguel
No hay comentarios:
Publicar un comentario