Un caluroso sábado por la
noche, típico de esta temporada del año, en una reunión que salió a último
minuto se encontraba Angel, un chico que se cataloga como común y corriente, un
poco extrovertido pero tranquilo, no le gusta incomodar. Estaba ahí al ser
llevado a la fuerza por su amigo Luis, quién resulta ser todo lo contrario a
él: demasiado extrovertido, "juerguero" y no muy confiable que digamos.
Ambos estaban en la reunión esperando divertirse solamente, dejar todo el
estrés del trabajo atrás y poder pasar un buen momento.
La música sonaba, entre
cumbia, salsa y un poco de rock. Angel ya no sabía que esperar del improvisado
DJ que animaba la noche. Veía pasar la cerveza. Tomaba un poco y compartía el
vaso mientras que veía como Luis lo trataba de meter a la conversación que
tenía con sus amigos de trabajo, pero sin mucho éxito. Hasta que una chica se
sentó a su lado. No le prestó mayor atención porque no los habían presentado.
Por timidez ni cruzó palabras hasta que, luego de unos minutos, recibió la
botella de cerveza y por caballerosidad, le sirvió primero a ella.
- Gracias - le dijo.
- De nada - respondió
sonriendo Angel.
Tomó poco. Luego Angel se pudo
servir y seguir compartiendo la botella de cerveza que cada vez la sentía más
amarga. Luis se sentó entre ellos. Repentinamente le empezó a hablar a ella,
luego, voltea y le pasa la voz a Angel para presentarle a Alejandra, la chica
que estaba sentada a su lado.
Al sentir que ya su amigo
había roto el hielo, el hablarle a Alejandra le fue más fácil. Y así, poco a
poco, se fueron conociendo. Palabras iban y venían, risas, carcajadas; mientras
se servían más y más vasos de cerveza. Angel no había ido con ganas de
embriagarse sino solamente de divertirse, o al menos intentarlo. Aparte que al
ya socializar más con Alejandra pues no quería dar una mala impresión y, al
fijar su interés por ella, no tomaba para asegurarse que ella siga bien y si es
posible, llegue bien a su casa.
Ya de lejos se veía que había
conexión por parte de ambos. Conexión que no tardó mucho en darse cuenta Luis,
quien preocupado se acercó a Angel y lo llevó a otro lado para conversar. A
regañadientes accedió a ir con él.
- Hermano, veo que estas muuuy
cómodo con Alejandra - dijo sorprendido Luis.
- Claro que sí. Es de
putamadre conversar con ella, porque? Te interesa? - respondió entre emocionado
y dubitativo Angel.
- No es por eso, sino que...
digamos que Alejandra es una buena persona, puede que sea perfecta para ti pero
la huevada es que al tomar no sabe medirse y luego, no es que haga alguna
estupidez porque la he visto o al menos cuando la veo, sino que al día
siguiente ya no se acuerda de nada. Como si tuviera una laguna mental o algo
así. - respondió Luis.
Angel pensó que era una broma
pero, al notar la sinceridad con la que le hablaba Luis, dicha sinceridad con
la que muchas veces le había confesado muchas cosas, pues no le quedó otra
opción y tuvo que aceptar la idea. Sabía que se lo decía para que no se
ilusione en vano.
Típico de la película
"Como si fuera la primera vez", sucedía ese caso. Lo peor de todo es
que le sucedía a él pero esta vez no por un accidente causado por una vaca que
se cruzó en el camino sino por unas botellas de alcohol.
Ya de regreso, se sentó al
lado de Alejandra y mientras ella le hablaba, él pensaba como podía ser posible
que a tan hermosa chica le afecte la bebida a tal punto que se olvide lo que
sucedió alrededor de ella. Él no quería ser alguien más que conocía ella en ese
día y que luego ya no estaba en su mente. Para ello, tuvo la idea de hacer que
Alejandra no tome mucho. Pero como la noche se iba haciendo larga y la bebida
interminable, era inevitable que alguien acabara sobrio a menos que no bebiera
casi nada, como era el caso de Angel.
La conversación era más y más
fluida, y el interés de ambos era más fuerte. Luego, Alejandra se levanta para
ir al baño. Angel, mientras esperaba que regrese, prendió un cigarro y seguía
pensando más sobre lo que le había dicho Luis. Hasta que el sonido de un vaso roto
lo hizo reaccionar y, al mirar alrededor, vio a Alejandra conversando y tomando
con sus amigas. No podía ir a detenerla. Lo único que hizo fue llamarla y,
felizmente, ella accedió a acercarse.
Siguieron conversando y Angel
le seguía sirviendo cada vez poco de tomar, hasta que ella, que ya sentía en su
cuerpo los efectos del alcohol, lo mira a los ojos y le dice:
- Sé porque estas cuidando lo
que tomo y, créeme, no te lo reclamo. Me parece un lindo detalle que lo hagas. Mírame,
estoy aquí para divertirme igual que tú así que no te preocupes. Sé lo que te
han contado y siendo sincera, sé que no me voy a olvidar de ti luego, así que
tranquilízate, deja de preocuparte y sigamos conversando ok? Por favor. - le
dijo Alejandra, mirándolo fijamente con esa mirada que denotaba un sentimiento
hacia él. Con esos ojos medios achinados, que se iban cerrando poco a poco a
causa del alcohol.
Angel sonrió, se acercó a ella
y siguió conversando confiado en las palabras que le había dicho. Ambos lucían
increíbles. Eran las únicas personas que estaban en su propio mundo. Eran la
pareja que no les importaba lo que los demás pensaran. Ellos hacían lo que
querían sin molestar a nadie. Eran muy diferentes a los demás y se les
reconocía ni bien entraban a la sala. Eran sólo ellos dos.
Las palabras y las risas nunca
acababan. Angel tuvo que apagar su cigarro para no incomodar a Alejandra quien
no fumaba. Había menos personas y más vasos rotos y botellas vacías. Luis se acercó
para decirle que ya se retiraba, y quizás, ir con él por el camino. Pero Angel
decidió quedarse a acompañar a Alejandra. Luis lo miró fijamente con esas
miradas típicas de los amigos que te dan a entender, "Fíjate lo que haces.
Piensa bien". Al no tener respuesta alguna a ello, estrechó su mano y se
despidió de él. Angel sí había entendido el mensaje pero lo omitió y prefirió
quedarse con Alejandra.
Las horas ya habían dejado la
paridad, el cielo se hacía poco a poco claro y las aves ya daban sus primeras
señales de vida. Angel y Alejandra ya ni sabían de qué hablar y solo atinaban a
reírse de cualquier cosa. A duras penas podían mantener los ojos abiertos.
Hasta que decidieron acomodarse y descansar. Angel, seguro de que ella seguiría
siendo la misma joven risueña horas después, la abrazó y durmieron juntos en el
mismo sofá que fue testigo desde horas atrás de su encuentro. La sala lucía
infestada de varios cuerpos aún decadentes a causa del alcohol.
Varias horas después, cuando
ya el cielo era por demás claro, Angel se despertó. Vio la hora, diez de la
mañana. Para no generar preocupación en casa de Alejandra, la despertó para
llevarla pero difícilmente se quería levantar del sofá. La tuvo que ayudar a
sentarse. Aún mareada se tomó la boca y atinó a decir que quería vomitar. Angel
la ayudó a pararse y la llevó a paso acelerado hacia el baño. Ya una vez que
llegaron, ella empezó a vomitar todo lo bebido, y así sentirse un poco mejor.
Angel evitaba respirar, le sujetaba el cabello para que no se ensucie y le frotaba
la espalda diciéndole que iba a estar bien, y que esté tranquila, que él la
llevaría a su casa.
Cuando Alejandra se calmó,
volteó a ver quién le daba aquellas frases de aliento y la ayudaba en ese
momento incómodo. Al ver a Angel no lo pudo reconocer, se asustó y se alejó
lentamente de él; solamente le atinó a agradecer por ayudarla. Él, sorprendido
por su reacción, se le acercó y se ofreció en llevarla a su casa pero ella, aún
mareada y con el malestar por causa del alcohol, pensó que dicha ayuda era una
insinuación ante el estado en el que se encontraba. Le agradeció por la
propuesta pero, no lo conocía como para ir con él. Angel pensó que era una
broma, o al menos no quería aceptar la nefasta realidad, y le hizo la pregunta
nuevamente, pero ella le seguía respondiendo otra vez lo mismo, pero en esa ocasión
el tono de su voz no daba ningún indicio que estaba bromeando.
Vio cómo se alejaba lentamente
y se sentaba en el mismo sofá donde habían descansado horas atrás, donde pensó
mientras estaba a su lado, que esta iba a ser una historia diferente a la que
le habían advertido. La vigiló desde la puerta de la cocina por unos minutos
para que no le pase nada, en el fondo lo hacía también para saber si
reaccionaba y lograba recordar algo. Cuando quiso acercarse a hablarle para
saber cómo se sentía y si es que recordaba algo de la noche anterior, una chica
se le acercó y le dijo:
- Déjala ahí mejor. ¿Qué te
dijo? Te olvidó, no? - preguntó la chica, con la seguridad de saber lo que
había ocurrido.
- Parece que sí. No lo sé, posiblemente
fue algo temporal porque estaba mareada. - respondió Angel con un poco de
esperanza que sea cierto.
Conversando acordaron ambos en
acercarse a Alejandra y hacerle compañía. Lo hicieron. Ella saludó
inmediatamente a su amiga pero a él seguía sin reconocerlo. Angel intentó hacer
que lo recordara diciéndole algunas de las cosas que habían conversado, las
anécdotas que se habían contado, pero fue en vano. Ella no recordaba nada de la
noche anterior. Sólo se alejó un poco de él porque empezaba a incomodarle las
cosas que oía.
Al no saber qué hacer se alejó
por un momento. La amiga de Alejandra se le acercó para decirle que entendía su
tristeza y que lamentaba mucho que haya sucedido todo eso con su amiga. Angel
no sabía ya que hacer, no sabía qué decir. Le explicaba con emoción lo que
sentía por Alejandra pero con asombro y tristeza seguía sin poder creer como
ella no lo puede aún recordar. Se notaba la desesperación e impotencia en su
rostro. Pero la chica solo atinaba a decirle una y otra vez que lo comprendía.
Angel sentía que no podía
hacer más, se sentía con las manos atadas. La amiga de Alejandra se acercó a
ella para ver cómo seguía. Sentado en la mesa de la sala, Angel observaba a
Alejandra, pensando qué podría hacer para tenerla de vuelta. Luego, agarró una
servilleta de la cocina, buscó un lapicero y anotó su nombre y número celular
dibujando al final una cara feliz para que no haya ninguna tensión y luzca como
un buen detalle. La dobló, respiró profundo, se llenó de valor y se acercó para
despedirse. Le dio la servilleta a la chica, susurrándole al oído que si es que
Alejandra se llegara a acordar algo de la noche anterior o de él se la diera ya
que tiene sus datos. Se despidió. Al acercarse a Alejandra se puso en
cuclillas, la miró fijamente esperando que ella le dijera algo pero, ella seguía
sin reconocerlo. Angel le sujetó la mano y con una voz entrecortada le susurró,
"Como quisiera que te acuerdes de todo". Bajó la mirada. No podía
hacer más excepto despedirse, se sentía inútil.
Al salir de la casa lo hizo
lentamente, como si no deseara irse, apoyó su cabeza en el marco de la puerta y
mirando al suelo se cuestionaba cómo le podía estar pasando eso a él. Algo que
suele ocurrir solo en los guiones de las películas románticas que le gusta ver,
pero, al parecer, se equivocó. Aún sorprendido y sin encontrar respuesta
decidió alejarse y caminar hacia la avenida más cercana en la que abordó un
taxi camino a su casa. Mientras veía los paisajes pasar por la ventana, se
acordó de lo que le había advertido Luis que pasaría pero él, terco y cegado
por el interés que tenía hacia Alejandra, no le quiso prestar atención y ahora
estaba pagando todo a causa de su rebeldía. Lo peor de todo fue que en el
fondo, él sabía que Luis tenía la razón, que se lo advertía para evitar que se
ilusione pero, lamentablemente, terminó sucediendo. Típico en él.
Las palabras de su amigo
retumbaban más y más su cabeza y, ya en su habitación, no sabía que pensar.
Mientras trataba de encontrar una respuesta lógica a sus preguntas, sus ojos,
presos del cansancio, se fueron cerrando poco a poco y cediendo el paso al
sueño inminente, donde esperaba soñar con ella, encontrar las respuestas a sus
interrogantes o que quizás, al despertar las cosas fueran diferentes y
aprovechar cada minuto a su lado, como si fuera la única vez que la viera.
Quizás.
Soundtrack:
Diazepunk - Mañana
Miguel