lunes, 21 de octubre de 2013

El Mar...

Sábado de noche. Unas latas de cerveza. El mar. Diego. Valentina. Una historia.

- “Y siendo sinceros, no puedo comprender cómo es posible que este a tu lado tomando una cerveza y no un champagne o un vino, no sé, en una cena romántica y haciendo esas cosas cursis que me gustan tanto y que nunca pensé que a ti también…”- dijo Diego, rompiendo la paz emocional que tenía esa charla de horas y horas frente al poderoso y oscuro mar.
-         - “Qu… Quéee?”- respondió tartamudeando Valentina con una sonrisa nerviosa.
-         - “…y darte esa rosa que tanto te gustaba. Uhm roja, cierto?”.
-         - “Jajaja pero…”- intentaba hablar Valentina.
-         - “Sí, roja. Ése era el color!”- dijo Diego mirando fijamente el mar y dibujando una leve sonrisa en su rostro.

Valentina solo sonreía de manera nerviosa mientras cruzaba sus brazos para abrigarse a causa del viento que corría y agachaba la mirada un poco avergonzada mirando las piedras en donde yacían las fenecidas latas de cerveza que abrieron horas antes.

-         -  “Quizás una charla amena. Vestido yo un poco más formal, con una camisa, un buen peinado y no sé qué más. Todo un caballero. Y tú pues, con un vestido de noche o simplemente una blusa y unos tacos que me hagan sentir más enano de lo que soy, pero qué importa eso!? La cobertura es lo de menos, pero estoy seguro que combinaríamos muy bien. Nos envidiarían al vernos…”- seguía hablando.
-         - “Diego…”- intentaba hablar sin mucho éxito Valentina.

Se podía sentir la emoción en cada palabra pronunciada por Diego, quién no quería dejar de hablar e imaginar cada situación que vivía con Valentina. Pero sabía que en algún momento tendría que hacerlo.

-         -  “La cena la dejo en tus manos. Aunque preferiría llevarte a ese lugar del que tanto me habías hablado. Cómo se llamaba? Tenía algo de italiano en el nombre, creo. Uhm D’ Lizza? Sí, ese creo que es… Y sí que fue difícil ubicarlo eh! Tienes un paladar muy exigente…”
-         - “Oye, estas ebrio?”- le dijo sonriendo Valentina, mientras se animaba a abrir otra lata más de cerveza.
-         - “Caminaríamos por ese parque donde nos conocimos, lo recuerdas? Hablaríamos de corrido, con silencios que caracterizan nuestra timidez, pero eso sí, siempre encontraríamos la forma de romper ese silencio, y yo la forma de hacerte reír aunque te molesten mis estupideces...”- dijo Diego, ignorando con un brillo en sus ojos la pregunta de Valentina.
-         - “Siempre lo haces, tonto!”- acotó aún nerviosa Valentina, dándole un sorbo más a la lata de cerveza que tenía en su mano.
-         - “Y si deseas nos sentamos a mirar la gente pasar o ver las hojas caer. Como lo desees. Pero sin descuidar la hora. Que por más veces que nos hayamos quedado hasta tarde conversando otros días, esta vez no quiero que llegues tarde a casa, ya que noches por demás juntos asumo que tendremos”.
-         - “Jajaja qué hablas ah?”- respondía riendo Valentina.
-         - “Caminaremos para tomar un taxi. Se te hará difícil caminar. Te sacaría los tacos y te daría mis zapatos para que camines mientras yo llevo los tuyos en mis manos. Te apoyarías en mi brazo mientras caminamos lentamente por ese viejo pero aún hermoso parque. Nos subiríamos a un taxi luego. Y sí, te llevaría a casa. Sabes bien que no quiero que te pase algo. Nos acomodaríamos y escucharíamos la música que coloca el  inminente confidente, el chofer, y cantaríamos o simplemente nos burlaríamos de ello. Te recostarías en mi hombro a descansar. Y por primera vez en todas las veces que hemos salido solos, estiraría mi brazo y te envolvería con él. Con mi otra mano acariciaría tu mejilla mientras siento como poco a poco te acomodas más en mi pecho. Jugaría con tu cabello y nos dejaríamos llevar por el frío de la noche hasta el punto de vernos a los ojos y, con menos de un centímetro de distancia entre nuestros rostros, unir nuestros labios hasta llegar a tu hogar…”
-         - “Oye tu sí que estas ebrio jaja Ya deja la cerveza mejor”- seguía riendo Valentina.
-         - “Y despedirme con un corto beso. De esos que guardan las esperanzas de quizás volver a repetir la velada. No sé”- culmina Diego, luego de un largo monólogo.

Deja de mirar el horizonte y voltea a ver a una aún nerviosa Valentina quién estaba sentada de brazos cruzados mirándolo. Le dibuja una sonrisa y mirándola fijamente a los ojos le dice:
-         
-           - “No, no estoy ebrio, Vale. Ya me conoces.”

Luego, se levanta y le da la lata a Valentina. Agarra una piedra y la tira al mar.

-         - “Jaja que curioso. Mira que justo hoy me sale el tirar la piedra y que rebote en el mar.”

Diego se aleja sonriendo y mirando hacia el piso, pero caminando lentamente, sin ánimos de separarse mucho de Valentina.

Ella aún sorprendida por todo el relato que escuchó, solo lo veía caminar y alejarse lentamente. No sabía que pensar. O quizás sí lo sabía pero no esperaba que sucediera todo eso. Reaccionó y miró la lata que le dio a sostener minutos antes Diego. La analizó bien y se percató que aún andaba llena. Recién había sido abierta.

-        -  “No es posible…”- pensaba Valentina, quién minutos antes acusaba al alcohol el hecho que Diego haya creado toda esa historia.

Y era verdad. Diego no había tomado mucho. Prácticamente nada. A pesar de las horas que estuvieron juntos caminando y sentados conversando en la playa, él había preferido beber poco y así divertirse tranquilamente junto a Valentina. Y así cumplir lo que le había comentado uno de los días que salieron, que trataría de cuidarla.

Esa frase, al igual que el relato, se hacía cada vez más y más fuerte en la cabeza de Valentina, quien cerró los ojos, trató de recordar cada palabra contada por Diego, y vivir cada acción en su mente. Sentir la brisa del mar y envolverse con el frío clima.

Dejó las latas entre las piedras, se levantó y siguió el camino que había tomado Diego, quien la esperaba debajo de un farol de luz tenue que dibujaba su delgada silueta en el suelo. Volteó y miró el lugar donde estaban sentados conversando minutos antes, las latas de cervezas vacías, algunas sin abrir y otra sin terminar seguían entre las piedras; el inmenso compañero cómplice de la ilusión de una persona, el mar, seguía aún pendiente de la historia que podía seguir construyendo esa pareja, quienes, una vez juntos, se enrumbaron por un camino el cuál ninguno de los dos sabe en dónde y cómo acabará. Solo ellos dos y su cómplice de noche, el mar.

Soundtrack:
Diazepunk - 10:10

Miguel

domingo, 13 de octubre de 2013

Como Si Fuera La Única Vez...

Un caluroso sábado por la noche, típico de esta temporada del año, en una reunión que salió a último minuto se encontraba Angel, un chico que se cataloga como común y corriente, un poco extrovertido pero tranquilo, no le gusta incomodar. Estaba ahí al ser llevado a la fuerza por su amigo Luis, quién resulta ser todo lo contrario a él: demasiado extrovertido, "juerguero" y no muy confiable que digamos. Ambos estaban en la reunión esperando divertirse solamente, dejar todo el estrés del trabajo atrás y poder pasar un buen momento.

La música sonaba, entre cumbia, salsa y un poco de rock. Angel ya no sabía que esperar del improvisado DJ que animaba la noche. Veía pasar la cerveza. Tomaba un poco y compartía el vaso mientras que veía como Luis lo trataba de meter a la conversación que tenía con sus amigos de trabajo, pero sin mucho éxito. Hasta que una chica se sentó a su lado. No le prestó mayor atención porque no los habían presentado. Por timidez ni cruzó palabras hasta que, luego de unos minutos, recibió la botella de cerveza y por caballerosidad, le sirvió primero a ella.

- Gracias - le dijo.
- De nada - respondió sonriendo Angel.

Tomó poco. Luego Angel se pudo servir y seguir compartiendo la botella de cerveza que cada vez la sentía más amarga. Luis se sentó entre ellos. Repentinamente le empezó a hablar a ella, luego, voltea y le pasa la voz a Angel para presentarle a Alejandra, la chica que estaba sentada a su lado.

Al sentir que ya su amigo había roto el hielo, el hablarle a Alejandra le fue más fácil. Y así, poco a poco, se fueron conociendo. Palabras iban y venían, risas, carcajadas; mientras se servían más y más vasos de cerveza. Angel no había ido con ganas de embriagarse sino solamente de divertirse, o al menos intentarlo. Aparte que al ya socializar más con Alejandra pues no quería dar una mala impresión y, al fijar su interés por ella, no tomaba para asegurarse que ella siga bien y si es posible, llegue bien a su casa.

Ya de lejos se veía que había conexión por parte de ambos. Conexión que no tardó mucho en darse cuenta Luis, quien preocupado se acercó a Angel y lo llevó a otro lado para conversar. A regañadientes accedió a ir con él.

- Hermano, veo que estas muuuy cómodo con Alejandra - dijo sorprendido Luis.
- Claro que sí. Es de putamadre conversar con ella, porque? Te interesa? - respondió entre emocionado y dubitativo Angel.
- No es por eso, sino que... digamos que Alejandra es una buena persona, puede que sea perfecta para ti pero la huevada es que al tomar no sabe medirse y luego, no es que haga alguna estupidez porque la he visto o al menos cuando la veo, sino que al día siguiente ya no se acuerda de nada. Como si tuviera una laguna mental o algo así. - respondió Luis.

Angel pensó que era una broma pero, al notar la sinceridad con la que le hablaba Luis, dicha sinceridad con la que muchas veces le había confesado muchas cosas, pues no le quedó otra opción y tuvo que aceptar la idea. Sabía que se lo decía para que no se ilusione en vano.

Típico de la película "Como si fuera la primera vez", sucedía ese caso. Lo peor de todo es que le sucedía a él pero esta vez no por un accidente causado por una vaca que se cruzó en el camino sino por unas botellas de alcohol.

Ya de regreso, se sentó al lado de Alejandra y mientras ella le hablaba, él pensaba como podía ser posible que a tan hermosa chica le afecte la bebida a tal punto que se olvide lo que sucedió alrededor de ella. Él no quería ser alguien más que conocía ella en ese día y que luego ya no estaba en su mente. Para ello, tuvo la idea de hacer que Alejandra no tome mucho. Pero como la noche se iba haciendo larga y la bebida interminable, era inevitable que alguien acabara sobrio a menos que no bebiera casi nada, como era el caso de Angel.

La conversación era más y más fluida, y el interés de ambos era más fuerte. Luego, Alejandra se levanta para ir al baño. Angel, mientras esperaba que regrese, prendió un cigarro y seguía pensando más sobre lo que le había dicho Luis. Hasta que el sonido de un vaso roto lo hizo reaccionar y, al mirar alrededor, vio a Alejandra conversando y tomando con sus amigas. No podía ir a detenerla. Lo único que hizo fue llamarla y, felizmente, ella accedió a acercarse.

Siguieron conversando y Angel le seguía sirviendo cada vez poco de tomar, hasta que ella, que ya sentía en su cuerpo los efectos del alcohol, lo mira a los ojos y le dice:

- Sé porque estas cuidando lo que tomo y, créeme, no te lo reclamo. Me parece un lindo detalle que lo hagas. Mírame, estoy aquí para divertirme igual que tú así que no te preocupes. Sé lo que te han contado y siendo sincera, sé que no me voy a olvidar de ti luego, así que tranquilízate, deja de preocuparte y sigamos conversando ok? Por favor. - le dijo Alejandra, mirándolo fijamente con esa mirada que denotaba un sentimiento hacia él. Con esos ojos medios achinados, que se iban cerrando poco a poco a causa del alcohol.

Angel sonrió, se acercó a ella y siguió conversando confiado en las palabras que le había dicho. Ambos lucían increíbles. Eran las únicas personas que estaban en su propio mundo. Eran la pareja que no les importaba lo que los demás pensaran. Ellos hacían lo que querían sin molestar a nadie. Eran muy diferentes a los demás y se les reconocía ni bien entraban a la sala. Eran sólo ellos dos.

Las palabras y las risas nunca acababan. Angel tuvo que apagar su cigarro para no incomodar a Alejandra quien no fumaba. Había menos personas y más vasos rotos y botellas vacías. Luis se acercó para decirle que ya se retiraba, y quizás, ir con él por el camino. Pero Angel decidió quedarse a acompañar a Alejandra. Luis lo miró fijamente con esas miradas típicas de los amigos que te dan a entender, "Fíjate lo que haces. Piensa bien". Al no tener respuesta alguna a ello, estrechó su mano y se despidió de él. Angel sí había entendido el mensaje pero lo omitió y prefirió quedarse con Alejandra.

Las horas ya habían dejado la paridad, el cielo se hacía poco a poco claro y las aves ya daban sus primeras señales de vida. Angel y Alejandra ya ni sabían de qué hablar y solo atinaban a reírse de cualquier cosa. A duras penas podían mantener los ojos abiertos. Hasta que decidieron acomodarse y descansar. Angel, seguro de que ella seguiría siendo la misma joven risueña horas después, la abrazó y durmieron juntos en el mismo sofá que fue testigo desde horas atrás de su encuentro. La sala lucía infestada de varios cuerpos aún decadentes a causa del alcohol.

Varias horas después, cuando ya el cielo era por demás claro, Angel se despertó. Vio la hora, diez de la mañana. Para no generar preocupación en casa de Alejandra, la despertó para llevarla pero difícilmente se quería levantar del sofá. La tuvo que ayudar a sentarse. Aún mareada se tomó la boca y atinó a decir que quería vomitar. Angel la ayudó a pararse y la llevó a paso acelerado hacia el baño. Ya una vez que llegaron, ella empezó a vomitar todo lo bebido, y así sentirse un poco mejor. Angel evitaba respirar, le sujetaba el cabello para que no se ensucie y le frotaba la espalda diciéndole que iba a estar bien, y que esté tranquila, que él la llevaría a su casa.

Cuando Alejandra se calmó, volteó a ver quién le daba aquellas frases de aliento y la ayudaba en ese momento incómodo. Al ver a Angel no lo pudo reconocer, se asustó y se alejó lentamente de él; solamente le atinó a agradecer por ayudarla. Él, sorprendido por su reacción, se le acercó y se ofreció en llevarla a su casa pero ella, aún mareada y con el malestar por causa del alcohol, pensó que dicha ayuda era una insinuación ante el estado en el que se encontraba. Le agradeció por la propuesta pero, no lo conocía como para ir con él. Angel pensó que era una broma, o al menos no quería aceptar la nefasta realidad, y le hizo la pregunta nuevamente, pero ella le seguía respondiendo otra vez lo mismo, pero en esa ocasión el tono de su voz no daba ningún indicio que estaba bromeando.

Vio cómo se alejaba lentamente y se sentaba en el mismo sofá donde habían descansado horas atrás, donde pensó mientras estaba a su lado, que esta iba a ser una historia diferente a la que le habían advertido. La vigiló desde la puerta de la cocina por unos minutos para que no le pase nada, en el fondo lo hacía también para saber si reaccionaba y lograba recordar algo. Cuando quiso acercarse a hablarle para saber cómo se sentía y si es que recordaba algo de la noche anterior, una chica se le acercó y le dijo:

- Déjala ahí mejor. ¿Qué te dijo? Te olvidó, no? - preguntó la chica, con la seguridad de saber lo que había ocurrido.
- Parece que sí. No lo sé, posiblemente fue algo temporal porque estaba mareada. - respondió Angel con un poco de esperanza que sea cierto.

Conversando acordaron ambos en acercarse a Alejandra y hacerle compañía. Lo hicieron. Ella saludó inmediatamente a su amiga pero a él seguía sin reconocerlo. Angel intentó hacer que lo recordara diciéndole algunas de las cosas que habían conversado, las anécdotas que se habían contado, pero fue en vano. Ella no recordaba nada de la noche anterior. Sólo se alejó un poco de él porque empezaba a incomodarle las cosas que oía.

Al no saber qué hacer se alejó por un momento. La amiga de Alejandra se le acercó para decirle que entendía su tristeza y que lamentaba mucho que haya sucedido todo eso con su amiga. Angel no sabía ya que hacer, no sabía qué decir. Le explicaba con emoción lo que sentía por Alejandra pero con asombro y tristeza seguía sin poder creer como ella no lo puede aún recordar. Se notaba la desesperación e impotencia en su rostro. Pero la chica solo atinaba a decirle una y otra vez que lo comprendía.

Angel sentía que no podía hacer más, se sentía con las manos atadas. La amiga de Alejandra se acercó a ella para ver cómo seguía. Sentado en la mesa de la sala, Angel observaba a Alejandra, pensando qué podría hacer para tenerla de vuelta. Luego, agarró una servilleta de la cocina, buscó un lapicero y anotó su nombre y número celular dibujando al final una cara feliz para que no haya ninguna tensión y luzca como un buen detalle. La dobló, respiró profundo, se llenó de valor y se acercó para despedirse. Le dio la servilleta a la chica, susurrándole al oído que si es que Alejandra se llegara a acordar algo de la noche anterior o de él se la diera ya que tiene sus datos. Se despidió. Al acercarse a Alejandra se puso en cuclillas, la miró fijamente esperando que ella le dijera algo pero, ella seguía sin reconocerlo. Angel le sujetó la mano y con una voz entrecortada le susurró, "Como quisiera que te acuerdes de todo". Bajó la mirada. No podía hacer más excepto despedirse, se sentía inútil.

Al salir de la casa lo hizo lentamente, como si no deseara irse, apoyó su cabeza en el marco de la puerta y mirando al suelo se cuestionaba cómo le podía estar pasando eso a él. Algo que suele ocurrir solo en los guiones de las películas románticas que le gusta ver, pero, al parecer, se equivocó. Aún sorprendido y sin encontrar respuesta decidió alejarse y caminar hacia la avenida más cercana en la que abordó un taxi camino a su casa. Mientras veía los paisajes pasar por la ventana, se acordó de lo que le había advertido Luis que pasaría pero él, terco y cegado por el interés que tenía hacia Alejandra, no le quiso prestar atención y ahora estaba pagando todo a causa de su rebeldía. Lo peor de todo fue que en el fondo, él sabía que Luis tenía la razón, que se lo advertía para evitar que se ilusione pero, lamentablemente, terminó sucediendo. Típico en él.

Las palabras de su amigo retumbaban más y más su cabeza y, ya en su habitación, no sabía que pensar. Mientras trataba de encontrar una respuesta lógica a sus preguntas, sus ojos, presos del cansancio, se fueron cerrando poco a poco y cediendo el paso al sueño inminente, donde esperaba soñar con ella, encontrar las respuestas a sus interrogantes o que quizás, al despertar las cosas fueran diferentes y aprovechar cada minuto a su lado, como si fuera la única vez que la viera.

Quizás.

Soundtrack:
Diazepunk - Mañana

Miguel